Ángel Iglesias
No paramos de oír que las personas son lo más importante de las empresas.
Y es así. La materia prima de las empresas son las personas.
¿Pero esto es verdad o es sólo una teoría que repetimos en todos los foros y que luego nadie se cree?
Hay una frase que forma parte, cómo decirlo, del decálogo de ideas que he aplicado a lo largo de mi trayectoria empresarial. Es la idea de formar un equipo y ser generalista, porque un hombre sólo no puede sacar los proyectos adelante, requeriría estar a demasiadas cosas. Por eso tiene que formar un equipo; hay que rodearse de personas capaces
Siempre digo que, si tuviera que resumir nuestra estrategia en una única palabra, elegiría la palabra confianza, creemos que es lo que da realmente valor a nuestra tecnología y a nuestros productos y servicios y lo que nos ha permitido convertirnos en una empresa líder en nuestro sector. Por ello, nos gusta definir a Ikusi como un proyecto colectivo basado en relaciones de confianza recíproca con clientes, proveedores, accionistas y empleados. Es decir, confianza con todas las personas con las que trabajamos y nos relacionamos.
¿Cómo valoras los estudios y las actitudes?
Pensemos en una clase de Universidad. En principio todos tienen los mismos libros y los mismos profesores, pero no todos alcanzan los mismos resultados. ¿Verdad? ¿Por qué? Porque en las personas hay algo intrínseco, es como la belleza interna y la externa. La belleza externa se acaba rápidamente, un día dejas de verla, pero lo que está dentro de las personas, lo intrínseco, permanece.
Es muy importante tener una buena caja de herramientas y eso sólo se consigue en las universidades y escuelas profesionales. Pero claro, hay que saber utilizar esa caja de herramientas, y ahí las actitudes de cada persona son fundamentales y son las que marcan la diferencia.
Fuiste uno de los fundadores de Talleres Gureak para crear empleo entre las personas con discapacidad. En esta carrera hacia la competitividad y hacia la excelencia ¿corremos el riesgo de olvidarnos de los más desfavorecidos y dejarnos gente por el camino?
Siempre he intentado combinar la trayectoria empresarial con la dedicación a otros proyectos. Desde un punto de vista personal, siento necesidad de devolver a la sociedad todo lo que me ha dado, pero también desde una perspectiva empresarial. Ikusi ha asumido como propios los criterios de la Responsabilidad Social Empresarial. Consideramos muy importante dentro de nuestra cultura corporativa tener un impacto positivo en nuestro entorno y, en la medida de nuestras posibilidades, fomentamos el desarrollo sostenible de la comunidad, entendido como un desarrollo integral. En la carrera empresarial no vale todo. En Ikusi tenemos unos sólidos valores.
Les has dicho a los estudiantes universitarios frases como "si hubiese sido ingeniero, no habría sido empresario".
Emprendedor sí, pero empresario no. No olvidemos que el hecho de establecerme por mi cuenta fue por un tema de necesidad. En Ikusi hay un montón de emprendedores, vosotras mismas sois emprendedoras. Cuando se piensa en un emprendedor, se piensa en un empresario, y yo creo que eso no es exactamente así. Existen emprendedores, muchos, trabajando en las empresas.
Empresario se hace un emprendedor cuando le pierde el vértigo al riesgo, entonces se juega todo lo que tiene en esa conversión. Y ahí no acaba. Después de empresario, cuando la empresa crece y toma otros rumbos, tiene que convertirse en un hombre de negocios, con una visión de futuro más amplia.
¿Qué impresión te llevas cuando hablas con los universitarios vascos, que aún no conocen el mundo laboral? ¿Les estamos transmitiendo bien lo que van a encontrarse cuando salgan?
Yo creo que todo comienza en la propia casa. El primer contacto cuando empiezas a tener sentido de las cosas son tus padres, ellos son tus entrenadores. El trabajo de formación que hacen no lo puede hacer la escuela, y menos la universidad. El ejemplo que yo siempre pongo es Leonardo da Vinci, cómo un hombre sin Universidad, formado únicamente con maestros de taller, logró llegar tan lejos. ¿Por qué? Porque tenía una belleza intrínseca increíble, tenía actitud y aptitud. Dos cualidades muy importantes, más si cabe en un entorno tan cambiante como el que vivimos. Ahora mismo estamos sumergidos en una importante crisis y es más que probable que las reglas de juego que nos han enseñado hasta ahora no sean ya válidas en el futuro, harán falta personas capaces, flexibles y ágiles en la adaptación a esos cambios.
¿El sistema científico-tecnológico contribuye a apoyar la actividad de las empresas?
Es muy importante. En nuestro país existen unos centros tecnológicos magníficos y así como al principio se pensaba que iban a ser competencia de las empresas, con el tiempo nos hemos dado cuenta de que son unos colaboradores buenísimos. Hay que optimizar la eficacia en todo, en la persona, en la empresa y en el entorno. Tenemos que mejorar en ese aspecto todos nosotros.
Esta crisis pone a Euskadi en la tesitura de enfrentarse a nuevos retos.
Retos para Euskadi, no. Son retos para el mundo, pero tenemos que ser optimistas. Pensemos en la Euskadi de hace años. En este país la gente pasó de trabajar en los caseríos a hacerlo en la industria, que empezó a florecer. Se desarrollaron los servicios y la administración. Y llegamos al día de hoy en el que todas las empresas están mirando hacia fuera: la globalización. ¿Por qué no vamos a ser capaces de volver a dar un salto cualitativo como el que dimos hace años? Si lo hemos hecho una vez, seremos capaces de hacerlo de nuevo. Pero no podemos perder de vista, sobre todo, la importancia del conocimiento. Tenemos que sacar el máximo rendimiento del conocimiento que existe y formar bien a las empresas y a las personas. Hay más necesidad que nunca de gente pensando cómo vamos a vivir en el futuro.
La cooperación entre empresas también es más importante que nunca.
Es importante agrupar a las empresas. Eso ya lo intuyó el padre Arizmendiarrieta, el fundador de las cooperativas, a quien yo conocí. Era el año 71, Fui donde Don José María, que me recibió muy bien. Era un hombre enfermo, muy humilde y muy sabio, que iba por delante de todos. Aquel hombre hablaba del presente, del futuro, del pasado; ponía los tres pilares. Le dije que quería ser cooperativista, que quería formar una cooperativa. Y me hizo polvo, me dijo: "todos los caminos son buenos para llegar a Dios, pero tú eres más de sociedad anónima" (se ríe). Murió y todavía no sé por qué me dijo eso aquél hombre santo y sabio. Fundé una sociedad y di participación al cuadro de mando. Y lo volvería a hacer. Me he sentido siempre muy bien compartiendo.
Has dicho "en bonanza se crea poco".
Es verdad. De las empresas que se creen ahora habrá algunas que no prosperen y un porcentaje que continúen. Donde hay inquietud siempre se crea riqueza. De la noche a la mañana no se puede esperar que se cree nada, las cosas necesitan tiempo para funcionar y para mejorar.
Tu carrera es un ejemplo de emprendedor.
Sinceramente, no sé si soy un ejemplo. Yo siempre digo que depende de con quién te comparen. Hay veces que saldrás más alto en la foto, pero otras seguro que sales más bajito. En todo caso, no sé si tiene mucho mérito haberme dedicado a una actividad por la que siento pasión. La creación es maravillosa, a todos nos gusta crear. La creatividad engancha. Ahí está el secreto: cada uno triunfa en lo que realmente le gusta.
Para ser emprendedor también hará falta experiencia, ¿no? Haber vivido ciertas cosas.
Por supuesto. Yo si hubiese sido ingeniero, no habría sido empresario. Mi problema fue que tuve que ponerme a trabajar con doce años porque mi padre estaba enfermo y tenía que buscar el dinero para pagar las medicinas que necesitaba. Me tocó llevar el dinero a casa, recuerdo que le compré un piso a mi madre cuando yo tenía veinte años. Hay experiencias que no sé si es bueno tener que pasarlas, que no sé si te aportan algo en la vida. A la vida hay que agarrarla, no os dejéis escapar ni una diversión, ni una alegría, ni una tristeza. Hay que gestionar bien la vida.
Me han dicho que te gusta el arte, la música.
Sí. Soy un aficionado por contagio, gracias a mi mujer. Mi mujer es una apasionada del arte y de la música.
Después de tantos premios ¿significan algo para ti?
Sí, ahora voy a trabajar y me dan un premio (se ríe a carcajadas). Me importa el premio depende de dónde venga y cómo venga. Hay premios que están estudiados, pensados, que tienen una razón de ser. ¿Me gustan los premios? Claro, siempre se agradecen. ¿Podría vivir sin ellos? Perfectamente. Me gustan los premios, siempre se valoran. Por supuesto hay unos más importantes que otros. Mi primer premio fue de parte de la Scholla Cantorum, que les dejé un magnetófono y les iba a grabar allí horas y horas, así que un día me entregaron una plaquita como agradecimiento. Era un chaval y aquello me emocionó.
¿Recuerdas a menudo el pasado?
El recuerdo en la lejanía tiene la esencia del momento.
Entrevista elaborado por Eva Arrilucea y Alessandra Abbruzzese
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