Culto a la excelencia y a la Ambición por hacerlo bien...
Ernest Hemingway, quién gano el premio Nobel de Literatura en 1954 también fue célebre por su "Teoría del Iceberg". Ésta, si la sacamos del contexto literario y la reinterpretamos, nos viene a decir que hay momentos en los en que somos como un iceberg; el cual no deja asomar más de un tercio de su cuerpo, pues los dos tercios restantes están sumergidos bajo el agua. Dicho de otro modo: solo vemos lo que asoma, lo que se muestra eficientemente y por eso mismo, hay momentos en los que debemos sugerir lo que hay debajo, para que nuestra personalidad y actitud puedan verse claramente.
Ésta actitud y, en general, el gusto por hacer las cosas bien forma parte de un conjunto de valores que trascienden el desempeño diario. Generalmente, las personas, a su vez trabajadoras, se conducen en la vida intentado hacer las cosas bien, salvo algunas excepciones.
De hecho, la importancia de las personas en las organizaciones no es siempre discutida en cuanto a su formación académica pero sí en cuanto a su mayor o menor búsqueda de eficiencia. Las empresas tienden a valorar cada vez más la eficacia en el trabajo; mayor rendimiento, más logros conseguidos, lo que conduce a la satisfacción personal y laboral.
Sin embargo, el comportamiento del ser humano en el mundo del trabajo va mucho más allá, ya que conceptos básicos como personalidad, emociones, valores, actitudes, aptitudes, hábitos, y satisfacción laboral juegan un papel importante a la hora de cultivar la excelencia. Debemos coger estas aptitudes y mejorarlas a nivel personal para convertirlas en una inspiración para cada día, en un culto, una ambición por hacerlo bien.
Por supuesto, también existen factores externos con los que nos encontramos en el ambiente que nos rodea, como clientes, jefes, compañeros etc... que nos pueden impedir hacer las cosas bien por diferentes motivos; las prisas, la ineptitud de quien está piramidalmente por encima de ti, la envidia u otros. Son "estos factores" los que tenemos que dejar de lado si nuestra máxima prioridad es llegar a la meta.
Ser magnífico en lo que haces no es solo algo que desempeñas para la empresa en la que trabajas; es un regalo que te haces a ti mismo. Por eso, la empresa inteligente debe premiar a los que hacen las cosas bien no solo económicamente, sino con reconocimiento excepcional, para incentivar al trabajador, ese líder.
Pero cuando hablamos de líder no nos referimos al significado literal o tradicional: Proceso de influir en otros y apoyarlos para que trabajen con entusiasmo en el logro de objetivos comunes o como la capacidad de tomar la iniciativa, gestionar, convocar, promover, motivar y evaluar a un grupo o equipo. Por qué no darle otro significado ¿Por qué no liderarnos a nosotros mismos? ¿Por qué no nos intentamos superarnos a nosotros mismos y no a los demás? ¿Por qué no convertimos esos "factores" en oportunidades? Creo que ahí está la clave.
Esta idea ya la destacó Marthin Luther King, uno de los grandes líderes no solo de masas sino también un gran impulsor del propio desarrollo personal y espiritual, quien sabiamente dijo: "Si un hombre está llamado a barrer las calles debería barrer las calles igual que pintaba Miguel Ángel , componía Beethoven o escribía Shakespeare. Debería limpiar las calles tan perfectamente que los moradores de cielo y la tierra se detuvieran para decir: Aquí vivió un gran barrendero que hizo bien su trabajo." Seamos púes grandes barrenderos y demos nuestra última pincelada a todo lo que hacemos...























Me encanta esta filosofía, Marta, me inspira una energía muy positiva la idea de que todos podemos ser líderes de alguna manera en las cosas que nos toca cada día. Hay una frase que va mucho en la línea de lo que hablas en tu artículo y que me gusta mucho también: "si no puedes hacer lo que te gusta, procura que te guste lo que haces"...