Las aeronaves son un importante foco emisor de gases de efecto invernadero, empezando por las emisiones de dióxido de carbono y vapor de agua y continuando por emisiones de óxidos de nitrógeno, partículas de hollín y óxidos de azufre que forman partículas de sulfatos.
Sin olvidar la formación de estelas de condensación y nubes cirrus las cuales favorecen el calentamiento global[1].
Sin duda, el transporte de pasajeros por avión ha sido uno de los sectores que más ha crecido estos últimos años en Europa[2], (a una velocidad mucho mayor que el transporte general de pasajeros), lo que ha venido acompañado de un notable incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero[3]; incremento del 70% entre 1990 y 2002.
Consciente del negativo impacto de esta tendencia en el cambio climático, La Comisión ha decidido dar un paso adelante en la lucha contra el cambio climático y avanzar los trámites para incluir el sector en el régimen comunitario de comercio de emisiones. En Diciembre de 2006, la Comisión adoptó un proyecto de legislación para modificar la Directiva Europea de Comercio de Emisiones 2003/87/CE[4]. Dicha legislación incluye las emisiones de los vuelos intra - europeos desde 2011 y los internacionales con destino u origen en Europa desde 2012.
Ante estos cambios, las compañías aéreas se enfrentan a un gran reto que consiste en cómo dar respuesta a una demanda creciente de movilidad de la ciudadanía, al mismo tiempo que son capaces de reducir el impacto medioambiental.
Según la Eurocontrol (European Organisation for the Safety of Air Navigation), ya se están implementando una serie de medidas con el objetivo de disminuir emisiones. Éstas se pueden resumir en:
- Vuelos más directos.
- Posibilidad de vuelo a altitudes óptimas para el funcionamiento del avión.
- Permanencia de motores parados cuando el avión está en tierra.
- Trayectoria continua y uniforme en el aterrizaje.
- Mayor coordinación y flexibilidad para el uso del espacio aéreo por la aviación civil y militar.
Por otro lado, según la IATA (Internacional Air Transport Association) también se han ido implantando mejoras en los propios aviones con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Estas se concretan en:
- Mejoras de la eficiencia de los motores encaminados a una reducción en el consumo de combustibles.
- Disminución en el peso de los aviones mediante el uso de materiales composites.
- Investigación en el uso de combustibles alternativos.
No obstante, y a pesar de que la crisis mundial está contribuyendo a la reducción de emisiones, el camino a recorrer por este sector será largo y complicado. Especialmente para aquellas compañías que no aceleren el paso para introducir los cambios tecnológicos y de gestión que serán necesarios en este nuevo escenario.
En cualquier caso, no hay que olvidar que el cambio climático es un problema global y que este tipo de medidas no terminarán de ser plenamente efectivas si no pasan a ser un acuerdo de todos los países y, en particular de los Estados Unidos. No cabe duda, no obstante, que la Unión Europea, en un ejercicio de liderazgo que le honra, va a proporcionar un modelo de referencia para el control y disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero en este sector a escala internacional, contribuyendo a la lucha contra uno de los problemas más importantes a los que se enfrenta la humanidad en la actualidad.
[1] IPCC - "Aviation and Global Atmosphere" - 1999
[2] EEA "Climate for a transport change". TERM 2007: indicators tracking transport and environment in the European Union
[3] EEA - Greenhouse gas emissions trends and projections in Europe - 2008
[4] EC "Proposal for a Directive of the European Parliament and of the amending Directive 2003/87/EC so as to include aviation activities in the scheme for greenhouse gas emission allowance trading within the Community" - 2006
























Como bien haces notar, el caso de la aviación resulta ejemplar para poder explicar la problemática de los GEI y puede verse como paradigmático de las presiones negativas generadas por la globalización así como hoy en día la conocemos. El sector de la aviación tiene ante sí un gran reto, para hacer frente al cual se necesitará mucho tiempo, dinero y sobre todo ingenio e innovación. Los usuarios, que somos todos, tenemos en nuestras manos la posibilidad de acelerar tales procesos de cambio, reorientando nuestra demanda de desplazamientos de largo recorrido según una lente ambientalmente más responsable. Por último, como bien se subraya en el texto, es fundamental que los gobiernos tomen una decisión uniforme e coordinada para la reducción global de los GEI. La actual fragmentación, sin negar el rol clave de la UE en todo el camino recorrido hasta ahora, solo ayuda a que los esfuerzos aislados se vean frustrados y a que tomen fuerza los comportamientos oportunistas por parte de aquellos países que temen perder competitividad internacional y resisten asumir unos compromisos que son necesarios.