¿Le ha ocurrido que tiene una chaqueta tan vieja o un abrigo tan caduco que se le ha puesto de moda? Si su andrajo parece de marca probablemente esté roto, y haya que tirarlo.
Desgraciadamente, las empresas, en teoría regidas por criterios de eficiencia, se encuentran inmersas en tendencias poco operativas, a veces condicionadas por asesores independientes (qué contradicción encierra la expresión), por gustos personales o por el entorno más cercano. Esas tendencias imperantes pueden producir en una estrategia corporativa, confusión en clientes, proveedores o lo que es más preocupante, pueden generar malestar en la propia organización. Así ocurre con la proliferación actual de fusiones y absorciones. De la diversificación de riesgos y responsabilidades, separación del patrimonio empresarial del personal o simple acumulación de inmovilizado en una sociedad tenedora, se está pasando a la concentración. Cierto es que cambios normativos o necesidades de nueva financiación pueden obligar pero, junto a casos justificados, existen quienes agrupan sociedades inservibles o negocios irreconciliables con la matriz. Nadie puede negar que caminar enfundados en unos pantalones a la altura del muslo puede ser útil en la ocultación de armas y superación de cacheos en el Bronx. Sin embargo, cuando un adolescente lo replica en un barrio acomodado de nuestras ciudades, el descenso progresivo de la altura de los pantalones, salvo que sea una adaptación paulatina al estado en que nos encontramos en la edad adulta, tiene una utilidad nula y, a veces, es ridículo. Las tendencias que mencionábamos hace un par de párrafos se proyectan en todos los ámbitos de la empresa, tanto internos como externos. En el ámbito publicitario, por ejemplo, es difícil distinguir algunos anuncios de multinacionales energéticas o bancarias de los de organizaciones no gubernamentales. Si se trata de confundir u ocultar el producto o servicio, realmente se consigue. Si, por contra, se busca una difusión entre clientes actuales y potenciales es difícil apreciar qué nos pueden ofrecer. Quién no se ha sorprendido de cómo hemos pasado de entrar en entidades bancarias que eran verdaderos búnkers donde llaves, móviles y bolígrafos metálicos eran potenciales armas camufladas -por qué no, en nuestros pantalones tipo Bronx- a oficinas con mobiliario de parque infantil. Acaso podremos dejar a nuestros hijos allí o sólo es un decorado un tanto histriónico para una transacción comercial. Interesante también es analizar, en nuestro avance por la pasarela de moda empresarial, el paso de la insufrible estructura jerárquica y piramidal a la inquietante y simulada estructura horizontal, tanto en la distribución de competencias y denominación de cargos como en la asunción de responsabilidades últimas. Afortunadamente, las organizaciones productivas actuales, han eliminado modos antiguos, tradicionalistas y obsoletos que limitaban la relación con clientes y entre compañeros. Esperamos no ver resucitar las figuras omnipotentes en la empresa, que como emperadores Romanos hacían y deshacían destinos, cuando no rodar cabezas. No obstante, sí esperamos que ese emperador, cuando lo sea, no se haga llamar simple ciudadano, por cuestiones estéticas, ya que, si no trabaja correctamente, los ciudadanos tienen no sólo el derecho, sino el deber de pedir su cabeza, sea cual sea su título. Pese a lo dicho, y en definitiva, el mundo de la pasarela sí tiene lecciones muy importantes que podemos aprender. Fíjense en la forma de vestir, comportarse, actuar y dirigir de los grandes diseñadores; nunca siguen la tendencia, la crean e inducen. Hagámoslo nosotros también en nuestras empresas.
De la insufrible estructura piramidal a la inquietante estructura horizontal
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Comentarios
Interesante y polémico artículo que trata un tema al que algunos damos muchas vueltas. Ander, en tu artículo existen muchas ideas a comentar. Todos sabemos que en gran medida el 'management' y la consultoría se nutren y abastecen de cambiantes tendencias: hemos pasado de
la eficiencia como lei motiv de la gestión empresarial a la innovación, dejando por el camino otros paradigmas basados en la gestión de procesos, la gestión de la calidad, del conocimiento, etc. Seguro que vendrán otros muchos.
Ya nadie duda que el Management o la gestión empresarial es una ciencia -social- y que como tal debe progresar y avanzar en sus concepciones. Sin embargo los que conocemos bien el mundo de la consultoría sabemos que en algunos casos se aplican estos modelos sin el suficiente rigor, como si fueran la píldora que cura todos los males, atendiendo tal vez a los intereses de ciertas consultoras en revender una y otra vez sus productos.
Sin embargo, no podemos ignorar que vivimos en un mundo en constante transformación y que ciertas variables (tecnológicas, legales, políticas, sociales...) hacen que la gestión empresarial también tenga que adaptar sus pautas de comportamiento. La empresa no puede mantener hoy la misma relación con empleados, socios y clientes que hace, por ejemplo, diez
años.
Desde hace unos años estamos en un nuevo escenario en el que Internet ha democratizado el conocimiento, a la vez que éste se ha vuelto el principal activo de la empresa. En este escenario la gestión empresarial debe cambiar sus prioridades y prestar la máxima atención no ya en maximizar su eficiencia sino en mantener y proteger su conocimiento, el cual está en gran medida en sus empleados. Además, el cada vez más cambiante entorno hace que sean necesarias organizaciones orgánicas y horizontales, más flexibles.
El riesgo aparece cuando asesores externos o directivos sin mucho juicio se dedican a aplicar un mismo modelo organizacional a todo tipo de empresas.
Aunque discrepe en la senda que conduce a la conclusión ésta tiene mucho jugo. Y es que la diferencia entre un visionario y un loco se escribe con tinta fina.
En cualquier caso, el riesgo merece la pena y aunque no pueda tomarse por norma romper esquemas, no seguir la tendencia, abre nuevas perspectivas a menudo muy agradables y provechosas.
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Como siempre que escribes, un artículo muy bien escrito y con un mensaje muy actual y sensatoナ Yo no he sido nunca muy de monarcas o emperadores oligarcas o con mandato divino. Más bien participo más de aquellos sistemas en los que a los emperadores les elige el pueblo y en los que cualquier ciudadano puede ser モemperadorヤ, sólo hace falta que los demás (los miembros del equipo, tus clientes, el entorno...) así te vean y que exista un procedimiento para que seas nombrado モemperadorヤ.
Haces muy bien recordándonos que hay que estar muy alerta para que las empresas que vamos de modernas no nos acabemos convirtiendo en 'fashion victims'. La frontera entre estar a la moda y ser vanguardia es muy difusa, la diferencia estriba en querer o no marcar tendencia. Precisamente, para esto último sólo hacen falta cuatro cosas: ser de Bilbao, tener capacidad para afrontar el reto (medida en dosis de inteligencia y excelencia), grandes dosis de determinación y que el pueblo no se equivoque eligiendo a los emperadores...